Debraye cafeinómano aderezado con nicotina y una mesera
June 18, 2008Tomar café en días nublados, en la noche, entre la neblina, escuchando la lluvia, entretenido en pensamientos, siguiendo con la vista a la mesera, oyendo conversaciones ajenas. En soledad, pero presente; en compañía, pero con ausencia. Café caliente para el frío y para el calor, en el alba, al crepúsculo, a media noche. Prendo un cigarrillo, relleno la pipa, corto un puro, masco tabaco; cafeína y nicotina se mezclan homogéneamente. Alguien conocido entra. Alguien desconocido entra. Nadie saluda, todos beben café, engullen bocadillos. Alguien ajeno sale, solo la mesera saluda. Tomar café pensando en cafetales. ¿Y cuál es la medida correcta para un buen café? Café pasado de tueste, café al punto, café enyerbado. ¿Una cucharada o dos de azúcar? Sin azúcar, gracias. Café de altura, gourmet, mezcla de la casa, con canela y piloncillo. La mesera es una amiga callada que no pronuncia plurisílabos mas que para ofrecerte otro café, darte la cuenta, saludar cuando llegas y despedirte amablemente. La mesera es una compañía ausente a cambio de tu consumo. Pero el café y el cigarro se juntan dejando un sabor a tierra que no se obtiene en las ciudades, si no en lo profundo de la selvas, a la horilla de los ríos, bajo las sombras, revueltos en la lluvia; de noche, de día, la madrugada, con sereno y rocío. ¿Habrase alguna ves, una mesera enamorado de un cliente? No lo se, pero mientras eso sucede, yo preparo mi sonrisa para pedir otro café.
