se sentó en la banqueta a fumar un cigarrillo

September 7, 2007

Jamás había vivido uno, pero los leía placenteramente una y otra vez. Se puso a recordar aquel arranque de ese detective tuerto que escaló por un árbol hasta el balcón de aquella muchacha a pedirle matrimonio, recordó que ella se asustó al verlo y después de una par de horas ella le dijo tiernamente, “pásate sonso”. Recordó la otra historia del tipo que va a buscar a su mujer hasta Estados Unidos para hacerla regresar, recordaba alegremente y con ensueño, todos los pormenores de esa pareja, y el final feliz: “ya se que quieres que te diga. ¿Qué? Te quiero. Yo también te quiero, y un chingo”. A veces las imágenes de esas historias venían de las películas. Qué ganas de morir así por una mujer, de desgarrarse, cometer locuras, saberla inalcanzable y aun así tenerla de vez en cuando en sus brazos. Sintió que era tiempo de entregarse así a alguna historia, una propia, una que contarle a los demás hombres y hacerlos soñar con vivir su historia. Sería más que los otros hombres porque el poseería la suya, única, porque solo sería de él. Así es amigos, yo viví todo eso, yo mordí la gloria en el cuerpo de aquella mujer, fui capaz de desdoblarme, de rebasar los límites propios por aquella mujer; y fui feliz durmiendo a su lado, fui feliz mientras la abrazaba, la miraba a los ojos y me quedaba sin palabras, simplemente viendo aquel milagro que tenía entre mis brazos… Pensó les contaría a sus amigos. Tuvo deseos de ir tras ella, de decirle: todo está bien, no hay problema, podemos seguir juntos. Así comenzaría su historia. Jamás corrió tras ella, ni todo estuvo bien, ni así comenzó su historia; solo se sentó en la banqueta a fumar un cigarrillo.