July 31, 2007

SÁBADO 4
MÉXICO DF
GRUPO DE COVERS


 

 

discuciones y orgasmos a medias

July 30, 2007

-¿Así que te dejaron con el orgasmo a medias?
-¿Qué dices?
-Que te dejaron con el orgasmo a medias.
-No sé de que estás hablando.
-Si se te nota en la cara, es la cara que siempre pones cuando te dejan con el orgasmo a medias.-Esperó una respuesta a su acusación, alguna especie de reproche, cualquier forma de defensa ante su insistente ataque que apenas comenzaba; mientras ella mantenía sus ojos clavados en el tarro con media cerveza. Sacó tranquilamente un cigarrillo y fumó despacio hasta consumirlo a la mitad.
-Entonces ¿quién fue?
-¿Quién que? –respondió ella desconcertada de nuevo por la clase de pregunta sin ilación a cualquier cosa.
-El que te dejó a medias, ¿quién fue?
-¿Sigues con eso?
-Jamás concluí el tema
-Pensé que con el silencio habíamos concluido el tema
-Tú con tu silencio concluiste el tema para ti, pero yo me quedé esperando una respuesta
-Eres imposible. Me voy.

La vio salir de escena. Terminó de fumar su cigarrillo.

martes 24 de julio de 2007

July 24, 2007

-Ya deja de hacer tantas preguntas, ese morral es mágico y ya.
-Maldita sea, yo quiero uno.

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Héctor asintió y le ofreció un nuevo cigarrillo al Hernández, que negó con un gesto y sacó del morral una cerveza fría. ¿Cómo le hacía para tenerlas frías?¿Traía un refri portátil en la mochilita?
DESVANECIDOS DIFUNTOS
Paco Ignacio Taibo II

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Joel, maestro de telesecundaria y estudiante de filosofía, sorprendió en una fiesta de la licenciatura en la que todos habíamos, con las aportaciones de nuestros bolsillos, llenado una pileta con puras “panzoncitas”, “bombas” o “barrilitos”, llámelos como quiera, y Joel simplemente sacaba un bote tras otro de su morral. Aparte de las atribuciones mágicas que le dimos a ese morral por ser una versión real, en vivo y a todo color, del bolso sin fondo de Marry Poppins; descubrimos que las conservaba frías y, mediante las historias que cuenta Joel con cariño sobre su morral, que también es un muy efectivo guía a la casa cando el consiente se encuentra demasiado inconsciente por el exceso de embriagador y somnífero alcohol; solo basta, dice el orgulloso dueño del morral mágico, de susurrarle con cariño “a casa” y dejarse llevar.
     Por más que lo he intentado, mi morral; que algunos llaman bolsa y alguien más la nombró como mariconera, y al que yo solamente me refiero como mi-cosa-para-cargar-libros,-libretas-y-demás-porquerías (salvo las plumas, esas las cargo en el pantalón. Antes las cargaba en el bolsillo de la camisa, pero ahora ya no uso camisas y por consiguiente no traigo bolsillos. A veces uso camisas, pero tampoco pongo la pluma en el bolsillo de estas, ya que la tinta siempre suele chorrearse. Creo que una mancha de tinta en el pantalón es menos incómoda que una mancha de tinta en la camisa y, aun no he podido comprobarlo, supongo que ha de ser más útil; aunque no sé en qué forma una macha a la altura de la entrepierna del pantalón puede ser útil.), jamás responde a mis cariñosas palabras que le dicen con toda la esperanza y amor posible que me lleve a mi casa. Por lo contrario, me veo obligado a tener que parar un taxi, sacar mi credencial de elector y decirle al taxista, “a esta dirección oiga”, para después quedar en el sillón del copiloto en un estado de sueño con los ojos abiertos viendo solo el correr de las luces y el subconsciente dando las indicaciones de las vueltas y maromas que ha de hacer el taxi para llegar al hogar. En ocasiones, cuando ni siquiera puedo hablar, solamente señalo la credencial, esperando que comprendan mi improvisado lenguaje a señas. Afortunadamente, mi inconsciente no me ha fallado a la hora de pagar, y jamás he dejado una propinota de doscientos pesos.
Pero bueno, mientras los fantasiosos escritores nos llenan de objetos mágicos inexistentes, como habichuelas mágicas, botas de gigantes que hacen caminar a pasos gigantescos, gansas de huevos de oro, harpas que cantan, varitas con poder, anillos que vuelven a uno invisible pero que en las manos equivocadas hacen que el portador sea la encarnación del mismo Bush en persona, o esos hongos que Alicia suele masticar para terminar sintiéndose muy chiquita, y que cuando se cansa de sentirse insignificarte, los cambia por otros que la hagan ver el mundo desde mero arriba; yo se de un morral mágico capáz de suministrar cervezas frias a su dueño a lo largo de la noche y además llevarlo a tu casa sin temor a amanecer tirado en una banca o algún otro lugar, y que, entre tanto yo no tenga uno, seguiré cargando con mi infalible credencial para votar, confiando en que mi subconsciente no se una a la inconciencia de mi conciente y termine dando tremenda propina de doscientos pesos o algo peor como vomitar en el taxi o llegar a una casa equivocada.

sábado 14 de julio del 2007

July 14, 2007

Escuché la extraña historia de una maestra que reprendió al rededor de 180 alumnos por no haber puesto los datos de la portada del trabajo final en una hoja color azul índigo. La indignación de tal maestra se debió a la incompetencia de todos sus alumnos por no poder encontrar una simple hoja color azul índigo. Poco importó el contenido del trabajo. La importancia de la ausente hoja color azul índigo radicaba en el sistema de organización de la maestra, pero teniendo 180 hojas de azules diferentes, su sistema quedó quebrádo causándo frustración en tan loable persona difundidora del saber. Los alumnos tratando de colaborar, de la manera más amable, con el sistema de la maestra, preguntaron por una pista para poder localizar esa hoja color azul índigo, a lo que la maestra respondió "es un azul fuerte, como el azul marino, pero intenso". ante tales explicaciones los dueños de las papelerías no pudieron identíficar tal color entre los miles que tienen en sus hojas empolvadas de exibición. A estas alturas yo me sigo preguntando cómo será el azul índigo, "un azul fuerte, como el azul marino, pero más intenso"; me pregunto si seré capaz de verlo, ya que solo distingo tres tonalidades de azul: azul, azul fuerte (que también nombro como azul marino) y azul bajito. Eso es todo.

sábado 7 de julio del 2007

July 8, 2007

Aquí otra semana sentado frente al ordenador escuchando a Real de Catorce, yendo al café solo todas las tardes y el viernes en el bar con algunos conocidos, los Camel saben bien, los Delicados mejor. La cuarta novela de la serie de Belascoarán Shayne se torna aburrida, pero la leo por falta de otros libros. No hay dinero para comprar otros libros. Pareciera que entre más se trabaja, menos dinero se tiene, o ha de ser que no tienes tiempo para disfrutarlo y se te va en cualquier cosa que complete el día, y no en lo que harás como acto estelar del día. El dinero no es para guardarse ambiciosamente y tenerlo ahí esperando la gran oportunidad de gastarlo, el dinero se gasta y ya. Ser pobre y fingir ser rico o ser rico fingiendo ser pobre; Algo así decía Andy Warhol. La condición de mis días se decanta cada vez más por la soledad. Decanta… es estúpido como de pronto en un escrito algunas personas buscan poner un concepto muy rebuscado para demostrar erudición (ERUDICIÓN: s. Polvillo que cae de un libro a un cráneo vacío. Ambroce Bierce).  Pero bueno, hablábamos de soledad, y sobre la soledad… bueno, ¿qué se yo? Mejor me voy al café.

un pequeño e insignificante ratón

July 7, 2007

La niña se sentó al lado de mi cama con su ratón en la mano y guardó a que despertara.

Abrí los ojos mirándola en silencio sentada en la cama, con el ratón inmóvil en la mano.

Se murió. Dijo y continuó el silencio roto por el llanto que desencadenó mi mano en su hombro.

Ella siempre tuvo alguna forma de echarme la culpa de los decesos de las demás mascotas Y en esta ocasión solo pudo pasarme su sentimiento por la muerte de ese animal que aun daba sus últimos movimientos convulsivos, sus últimos movimientos sin vida.

Esa imagen casi irreal del ratón moviéndose sin respuesta, me obligó a tomarlo entre las manos, llevó mis dedos a su pecho y masajearlo un poquito. Esperaba quizás que entre el calor de mis manos, reaccionara, me mordiera, tratara de salir corriendo.

El ratoncito siguió inmóvil, la niña continuó llorando sentada al lado de la cama y yo, viendo ese cuadro de una niña entristecida por la muerte de un pequeño e insignificante ratón